| Summary: | Tradicionalmente la yuca (Manihot esculenta Crantz) ha servido como alimento, siendo
una fuente importante de carbohidratos, por lo que es un componente básico en la dieta
de más de 1.000 millones de personas en el mundo (Fuenmayor et al., 2012). El cultivo
se ha extendido a más de 90 países en zonas tropicales y subtropicales, siendo
propagado principalmente de manera vegetativa mediante el uso de estacas con pocos
o ningún criterio sanitario, lo cual constituye un riesgo por la posible diseminación de
plagas y enfermedades (Suárez y Mederos, 2011).
La yuca se propaga comercialmente mediante la clonación (propagación vegetativa) de
genotipos sobresalientes, en su mayoría de variedades mejoradas a partir de estacas o
cangres de 20 a 25 cm de longitud y cinco a siete yemas viables. La tasa de propagación
de la yuca es reducida, con el fin de obtener entre cinco a diez semillas vegetativas
(posibles nuevas plantas) de una planta adulta de 8 a 14 meses (dependiendo este valor
de la altura sobre el nivel del mar donde se establezca el cultivo); lo anterior limita a los
productores de yuca al acceso de semilla en cantidad y calidad requerida para nuevas
plantaciones comerciales.
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