| Sumario: | La Agricultura Familiar (AF) constituye un sector estratégico a nivel global, dado el rol central que desarrolla para la seguridad alimentaria. Genera más del 80 % del valor de los alimentos producidos globalmente (FAO & FIDA, 2019) y, además, emplea aproximadamente al 30 % de la población mundial (FAO, n.d.). En América Latina y el Caribe este sector también desempeña un papel clave: aporta entre el 57 % y el 67 % de los alimentos que aquí se consumen (FAO, 2020). Su definición conceptual y operativa ha sido uno de los mayores debates teóricos de las últimas décadas en el campo de los estudios sociales agrarios (Archeti y Stolen, 1975; Murmis, 1991; Tort et al., 1991). En la actualidad se registran ciertos consensos respecto a que la AF es una forma de producción caracterizada por una organización social del trabajo anclada predominantemente en vínculos de parentesco más que en relaciones salariales (Arach, 2011). En términos generales, la AF comprende aquellas unidades productivas que basan su funcionamiento en el trabajo familiar, incluyendo tanto a familias con distinto grado de capitalización (chacareros o farmers) como a unidades campesinas, pescadores artesanales y comunidades de pueblos originarios (López Castro, 2019).
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