| Sumario: | El olivo llega a la Argentina en el siglo XVI, con la corriente colonizadora del Alto Perú
introducido por los españoles y como testimonio de esa incursión se encuentran plantaciones muy antiguas en el departamento Arauco, provincia de La Rioja; allí se encuentra
un ejemplar de la variedad Arauco, con mas de 450 años de edad, conocido como “Olivo
Histórico”
Sin embargo, la olivicultura nacional se consolidó recién en la década del ´40, cuando se
realizaron introducciones de numerosas variedades, en su mayoría españolas y también
italianas. Esto constituyó la base genética de la olivicultura en la región y permitió, en
primera instancia, contar con material para su propagación en viveros y entre los productores locales. Desde entonces, la olivicultura en la región sufrió numerosos vaivenes. En
los ´90 se impulsó el empleo de moderna tecnología en el manejo de los nuevos olivares
y ello demandó además la introducción masiva de nuevas variedades provenientes de
España, Italia, Grecia, Estados Unidos e Israel, entre otros países.
Los siglos de historia del olivo en el país provocaron una gran riqueza varietal, surgida de
la selección de plantas para la elaboración de aceite y aceituna de mesa. La acelerada
difusión de variedades, evidentemente, amplió la oferta varietal y generó confusión para
su correcta identificación debido a denominaciones locales y a las variantes fenotípicas
influenciadas por las condiciones agroclimáticas muy diferentes del mediterráneo europeo, principalmente referidas a las características del aceite de oliva.
En la última década, prospecciones locales permitieron el acceso a nuevos materiales
genéticos de interés en el desarrollo de la olivicultura regional, ampliando aún más la
variabilidad genética en el olivo.
En este contexto, se pretende a través de sucesivas publicaciones, familiarizar al lector
con las variedades difundidas en la región, divulgando información referida a los caracteres morfológicos utilizados en su identificación, a las principales características agronómicas, al comportamiento industrial y a las propiedades que definen la calidad físicoquímica y sensorial de los aceites.
Para el cultivo del olivo en la región, la variabilidad existente y el conocimiento de sus
características, permite augurar un futuro promisorio mediante la planificación de programas de mejoramiento. El aprovechamiento de este recurso genético apunta a una
olivicultura sostenible frente a las condiciones ambientales actuales y sus cambios.
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