| Summary: | En los últimos años la población mundial ha venido tomando conciencia del contexto que implicaba el efecto del cambio climático sobre la producción de alimentos y las tendencias de consumo de estos. Sin embargo, la adición de un nuevo escenario sanitario a nivel mundial producto del COVID19 y ahora asociado el impacto del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, por nombrar los eventos más recientes, demostró que ningún país estaba preparado para una crisis de tal envergadura: en sólo un par de meses, quedó al descubierto la fragilidad de la economía y de la cadena de suministro alimentario.
Lo anterior ha obligado a replantear prioridades, proyectos y planes e inclusive miradas de desarrollo, generando una gran oportunidad para replantear las capacidades presentes y generar mayor inversión en investigación y desarrollo a nivel nacional e internacional en torno a la producción y comercialización de alimentos. Sin embargo, hay tendencias que siguen vigentes y es necesario tenerlas a la vista sobre todo en un país que sustenta gran parte de su economía en el sector silvoagropecuario y apuesta por transformarse en un emblema de la Diplomacia Turquesa y economía ambientalmente sostenible.
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