| Sumario: | El descubrimiento de la abeja reina tiene sus orígenes en la antigua
Grecia. Aristóteles, en su momento (384-322 a. C.), indicó que la
colmena debe estar regida por un rey o reina. En 1609, Charles
Butler escribió Feminine Monarchie (“La monarquía femenina”),
en donde indicaba que los zánganos son los machos de la colonia
y que la reina es la madre que perpetúa la vida en la colonia.
Asimismo, Schirach demostró en 1771 que las reinas pueden ser
producidas a partir de larvas obtenidas de celdas de obreras, lo
cual es fundamental en el proceso de cría de abejas reina. Igualmente,
en 1814, Huber descubrió que las reinas se aparean en
vuelos nupciales, que pueden controlar la oviposición y que el momento
óptimo para la producción de reinas a partir de larvas de
obreras es cuando estas tienen menos de tres días de edad. Por
su parte, el investigador Dzierżon descubrió en 1845 la partenogénesis
en las abejas Apis mellifera, demostrando que los zánganos
provienen de huevos no fertilizados, y las obreras, de huevos fertilizados.
Ya para 1881, Doolittle desarrolló un sistema mejorado de
cría de reinas que transforma este proceso en uno comercial, por
lo cual es considerado como el padre de la crianza comercial de
abejas reina; si bien se han llevado a cabo mejoras, los principios
de este método siguen siendo los más aplicados.
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