| Sumario: | La agrobiodiversidad constituye la base de los sistemas agroalimentarios, al integrar la
diversidad de especies, variedades, razas animales, recursos microbianos y saberes
tradicionales y ancestrales que sustentan la producción, la alimentación y el bienestar
humano. La agrobiodiversidad planificada se refiere a la biodiversidad que existe en los
cultivos y la producción animal y que son elegidos por los productores, mientras que la
biodiversidad no planificada se refiere a la biota asociada (microorganismos presentes en
el suelo, fauna, malezas, carnívoros, herbívoros, entre otros) que ha colonizado el
agroecosistema y sobrevivido de acuerdo con el ambiente (Jackson et al., 2013). Esta
biodiversidad aporta estabilidad al ecosistema, resiliencia frente a plagas, al cambio y a la
variabilidad climática, a fluctuaciones en la disponibilidad de recursos naturales, y a la
capacidad de responder a futuros cambios, siendo un eje central para la seguridad y
soberanía alimentaria, así como para la sostenibilidad de los territorios rurales (Cadena Zamudio et al., 2024).
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