Enfermedades del ciprés

En nuestro país, el ciprés (Cupressus L.) y su especie más importante (C. sempervirens L.) es una planta no autóctona que durante muchos siglos se ha mantenido como un elemento ausente o mínimo del paisaje, nunca como un motivo significante de éste. Esta notable subestimación pudiera ser una consecu...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autores principales: Tuset, Juan J., Hinarejos, Concha
Formato: book
Lenguaje:Español
Publicado: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación/Mundi Prensa 2022
Materias:
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/20.500.11939/8335
Descripción
Sumario:En nuestro país, el ciprés (Cupressus L.) y su especie más importante (C. sempervirens L.) es una planta no autóctona que durante muchos siglos se ha mantenido como un elemento ausente o mínimo del paisaje, nunca como un motivo significante de éste. Esta notable subestimación pudiera ser una consecuencia del gran desarrollo que, en el área mediterránea española y en amplias zonas de Castilla, Aragón y Andalucía, tuvieron en el pasado y aún hoy la tienen (pero en áreas más pequeñas) las sabinas (Juniperus thurifera L. y J. phoenicea L.), árboles pertenecientes a la misma familia y con porte parecido al ciprés, lo que debió de inducir a nuestros antecesores a la contención en la introducción de cipreses desde la zona oriental del Mediterráneo (Grecia, islas del Egeo, Líbano). Es difícil precisar la edad de los cipreses más antiguos existentes en nuestra área, si bien los ejemplares que hemos visitado y tenidos como muy viejos no deben sobrepasar los 220-250 años. Por ser considerado desde la antigüedad, tanto en las leyendas paganas como en las fuentes bíblicas, como un árbol sacro, su primera y más amplia dispersión se circunscribió, casi exclusivamente, en el ambiente religioso (monasterios, caminos de ermitas, calvarios y cementerios) y también, siguiendo la tradición italiana del Renacimiento, en jardines privados y públicos. Todos hemos observado en muchos de nuestros pueblos o en los viajes a través de la extensa geografía española las filas de cipreses dispuestos a ambos lados de caminos angostos y zigzagueantes que terminan en una blanca ermita, monasterio, convento o calvario (Fig. 1a), y también el verdor gris oscuro de éstos árboles con la copa en forma de cono o pirámide por encima de las tapias de los cementerios (Fig. 1b). Aspectos del paisaje que llegan a ser, en un gran número de ocasiones, una evidente seña de identidad española de cara al exterior.