| Sumario: | Todo comenzó algunos años atrás, cuando un productor lechero, de la zona de Freyre, decide cerrar su tambo. Producía 8000 litros de leche/día, con casi 400 vacas en ordeño y con instalaciones de no más de cuatro años de antigüedad, en perfecto estado y adecuadas a los requerimientos de su rodeo. Era un productor de avanzada edad, sin continuidad familiar y cansado de lidiar con las exigencias de la actividad por lo que, finalmente, decide vender sus animales y poner su campo en producción agrícola. Las vacas y demás maquinarias específicas del tambo fueron a remate, sólo algunas quedaron en manos de productores vecinos, mientras que la mayoría migró a otras zonas. Razón por la cual la industria con la que comercializaba su leche quedó con menos litros para procesar. Situación que se repite en las diferentes cuencas del país. Esa situación fue la detonante para conversar con gente de dicha industria y pensar en generar estrategias para que los productores, antes de liquidar su tambo, pudieran encarar un nuevo proyecto de
negocio en el que, “sin irse del todo”, mantengan su capital (hacienda e instalaciones principalmente) y se transformen en accionistas del mismo.
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