| Summary: | El Alto Valle de Río Negro y Neuquén representa un área muy extensa, con un clima árido y templado, debiendo servirse del riego para la producción agropecuaria. Se estima que tiene una superficie de 100.000 ha, ocupando la fruticultura de pepita y carozo unas
38.446 ha (SENASA, 2020).
En todos estos establecimientos, el tractor desempeña un papel fundamental en actividades como la preparación del suelo, el desmalezado, la protección de cultivos, la cosecha y el transporte de la producción (Di Prinzio, 2011). Estas tareas demandan un consumo de combustible que contribuye, en buena medida, a los costos de la actividad, pero también a la emisión de gases de efecto invernadero, aumentando la huella de carbono.
El consumo de combustibles fósiles es el principal factor que incide en la huella de carbono de la etapa primaria en la fruticultura (Romagnoli, 2022); no obstante, las estimaciones publicadas se han realizado a partir de casos generales.
El trabajo realizado tuvo como objetivo estimar dicho consumo para diferentes tareas de la actividad frutícola, utilizando como caso de estudio los datos de una cooperativa del Alto Valle del Río Negro.
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