| Sumario: | Reflexionar sobre nuestras prácticas, interpretar críticamente sucesos ocurridos y los factores
facilitadores y obstaculizadores para el logro de los objetivos deseados, pero sobre todo poder
rescatar las lecciones aprendidas de este proceso analítico es parte de las características de la
sistematización de experiencias. Dicha concepción se rescata a partir de la guía metodológica
elaborada por el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (PESA) en Centroamérica,
concibiendo «La sistematización –en tanto proceso de reflexión y análisis crítico de las experiencias
en manos de sus propios actores- permite descubrir a partir de la identificación de los aciertos y
errores de los proyectos y de los participantes, los elementos claves que influyeron en la obtención
de determinados resultados; y por tanto compartir las lecciones que pueden ayudar a mejorar las
prácticas de intervención. La sistematización permite, además, la retroalimentación del sistema
de planificación, seguimiento y evaluación.» (FAO-PESA, 2004). Ese fue el desafío que se decidió
emprender desde el Centro Regional INTA Mendoza- San Juan, encarando un trabajo que no
fuera la expresión del relato lineal de las actividades desarrolladas en un grupo de Proyectos, si
no, extraer un nuevo eje, una nueva mirada sobre el trabajo realizado, que consensuado con los
actores, permitiera reescribir y revalorar la experiencia relatada. Su valor como proceso nolineal
para recrear las experiencias y la incorporación de los actores en dicha reflexión, se erigía
como un elemento innovador a incorporar en la labor del INTA.
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