| Sumario: | La producción agropecuaria en la Argentina se sustenta en la utilización de fertilizantes sintéticos para cubrir la demanda nutricional de los diferentes cultivos, principalmente nitrogenados y fosforados, con un 75 % de origen importado, lo cual afecta la balanza comercial de nuestro país (Gráfico 1, FERTILIZAR AC 2022). Se tratan de sales minerales altamente solubles, poco diversificadas, con una baja eficiencia de aprovechamiento por parte de las plantas generando altas externalidades negativas sobre el ambiente (por ejemplo, el aumento de la concentración de nitratos en las aguas subterráneas superiores al límite recomendado de 3 mg/l y la eutrofización de los cuerpos de agua ocasionando la mortandad masiva de peces, aves o mamíferos). Por otra parte, en los planteos técnicos actuales la tasa de extracción de nutrientes es más elevada en relación a la tasa de reposición, lo cual provoca una pérdida de la capacidad productiva de los suelos. Además, la práctica del monocultivo o la baja agrobiodiversidad ha ocasionado la disminución del contenido de materia orgánica de los suelos afectando en forma negativa sobre ciertas propiedades físicas (estructura, porosidad, tasa de infiltración), químicas (acidez del suelo, disponibilidad de macro y micronutrientes) y biológicas (actividad de la macro, meso y microbiología) de los agroecosistemas (Sainz Rozas 2019).
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