| Summary: | Un ecosistema está compuesto por la biota (seres vivos) dentro de un área dada, el ambiente abiótico (físico) que la sostiene, y sus interacciones (SER, 2004). Los ecosistemas están continuamente expuestos a perturbaciones, o disturbios que provienen de fenómenos de origen antrópico o natural, y que generan la pérdida de individuos o biomasa, afectan a un espacio determinado y se producen de forma súbita pero no aislada (Gómez-Orea, 2004). Ejemplos de esto son los incendios forestales, la sobreexplotación, la contaminación y la introducción de especies exóticas, entre otros (CONAF, 2016).
Ante las perturbaciones, los ecosistemas pueden ser capaces de mantener sus atributos estructurales y funcionales, característica denominada resistencia. Otra posibilidad es que los ecosistemas vean dañados sus atributos estructurales y funcionales pero que sean capaces de recuperarlos, propiedad llamada resiliencia. La estabilidad de un ecosistema es la habilidad de este para mantener su trayectoria a pesar de las perturbaciones, y denota un equilibrio dinámico.
Esta estabilidad, en parte, se obtiene gracias a la capacidad de resistencia y resiliencia de un ecosistema (SER, 2004).
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